En otro de los artículos sobre ciudades en The New York Times, Igiaba Scego, escritora romana, dice que su ciudad es como un pastel de bodas hecha de diferentes historias: la Roma de los Papas, de los artistas y de los césares. También hay una Roma que recuerda el colonialismo italiano anota. Recomienda Scego leer varios libros como el de los arquitectos Weststejn y Whitling titulado Termini. Cornestone of Modern Rome. Aunque ningún libro puede contener esta ciudad se podrían leer textos históricos como los de Mary Beard, o novelas como The Portrait of a Lady de Henry James. Y Ragazzi di vita de Pasolini. Seguir las huellas de relatos viajeros como los que escribieron Goethe y Andersen es otro consejo. O indagar en algunos de los sabores que Stanley Tucci recomienda en sus viajes gastronómicos.
Hace tres años publiqué una entrada sobre un libro de Cees Nooteboom, quien falleció a inicios de este febrero, a los 93 años de edad. Aunque fue un ciudadano del mundo, vivió a caballo entre Amsterdam y Sant Lluís (Menorca). Sus obras, sobre todo las viajeras, destilan precisión, curiosidad y un constante sentido del humor. Alguna vez fue considerado para el Premio Nobel de literatura, lo que indica su fama literaria, aunque la brújula del Nobel es curiosa. Lo cierto es que si no fue un escritor total, como se decía de Quevedo, casi lo era. Se atrevió con la poesía (que consideraba la clave de su escritura en prosa), con las novelas, con una obra teatral y especialmente, con la literatura de viaje. Aquí cuelgo algunos estractos de su Lluvia roja : «Ésas son las típicas circunstancias en las que la gente decide emprender un viaje con la idea de "dejarlo todo atrás", una huida que carece de sentido, por supuesto. Uno no deja nada atrás, se lo lleva todo consigo. Le pongas el n...
