Hay una teoría del movimiento y el aprendizaje en muchas obras de la literatura universal. En Cervantes, por ejemplo, que decía aquello de que «el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho» (Quijote). Quizás porque muchos de los grandes autores viajaron o desearon hacerlo a través de sus obras. Lo cierto es que una teoría del movimiento podría también señalarse como una forma de pedagogía. Nada de esto es nuevo. Ya lo sospechaban los antiguos griegos y también lo sabían los ilustrados. Por ejemplo, este librito titulado The meaning of Travel pone en evidencia la necesidad de una filosofía del viaje. Su autora, Emily Thomas, es profesora en Durham University.
Hace tres años publiqué una entrada sobre un libro de Cees Nooteboom, quien falleció a inicios de este febrero, a los 93 años de edad. Aunque fue un ciudadano del mundo, vivió a caballo entre Amsterdam y Sant Lluís (Menorca). Sus obras, sobre todo las viajeras, destilan precisión, curiosidad y un constante sentido del humor. Alguna vez fue considerado para el Premio Nobel de literatura, lo que indica su fama literaria, aunque la brújula del Nobel es curiosa. Lo cierto es que si no fue un escritor total, como se decía de Quevedo, casi lo era. Se atrevió con la poesía (que consideraba la clave de su escritura en prosa), con las novelas, con una obra teatral y especialmente, con la literatura de viaje. Aquí cuelgo algunos estractos de su Lluvia roja : «Ésas son las típicas circunstancias en las que la gente decide emprender un viaje con la idea de "dejarlo todo atrás", una huida que carece de sentido, por supuesto. Uno no deja nada atrás, se lo lleva todo consigo. Le pongas el n...
