«Existe una planificación tecnológica del viaje que desarrolla un nuevo estadio para el viajero. Los alemanes tienen un sustantivo difícil de traducir: la vorfreude, que sería algo así como “la ilusión de lo que vendrá”. Creo que hoy podríamos hablar de una vourfreude digital del viaje. Siempre ha existido ese estadio previo, pero nunca con la precisión, autonomía e inmediatez actual. El turista del siglo XXI es capaz de simular sus itinerarios citadinos gracias a Google Maps, contrastar diez formas distintas de llegar a su destino o guiarse por los consejos y críticas de otros viajeros. El viajero es protagonista de su propia historia y conoce mejor sus derechos y deberes. Internet nos ofrece muchísimas experiencias vicarias. Hoy la experiencia viajera está ligada a la investigación y la comparación digital. El avión ya no es el medio de reservado a las élites como lo fue a mediados del siglo pasado. Sin embargo podemos conocer la experiencia de los vuelos en primera clase gracias a youtubers como Casey Neistat. Un artículo de Joseph Bien-Kahn en Wired describía cómo gracias a la realidad virtual nos aproximaremos a los vuelos antes de comprar, y acompañaremos a exploradores, astronautas y robots a lugares distantes e imposibles de alcanzar.»
Extracto de ¿Qué diría Cicerón? El mundo digital en diálogo con las humanidades
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